Por Lucía Díez Fernández
Incendies es una película en la que la sinceridad empieza a mostrarse justo en el comienzo. Pero en el caso de los protagonistas, en el momento en el que su madre fallece. En este comienzo, se les revela una verdad: que su padre no está muerto, y que tiene otro hermano el cual desconocían totalmente de su identidad. Esta información llega a cada uno de los dos hermanos de forma diferente. Jeanne se queda sorprendida, con ganas de respuestas sin comprender nada. En cambio, Simon estalla en ira, sin querer escuchar más y afirma que quiere enterrar a su madre de forma ordinaria, para que por una vez haga algo normal en su vida, ya que su deber como madre no lo cumplió. Al salir del notario, Simon suelta comentarios irónicos sobre la situación a su hermana, como una forma de protección ante la noticia que le acababan de informar y reflejar en este sarcasmo su ira hacia ella. Simon en esta escena dice: “Ella ya no está, se acabó. Ya tenemos paz.” Pensando que, si su madre murió, la verdad también lo haría. Para Simón, el silencio significa cerrar el conflicto, aunque la verdad siga existiendo. Pero Nawal no permitió callarse, por eso decreta en su testamento (que es el primer acto de sinceridad de ella, pero llega demasiado tarde) que hasta que estas cartas no se entregaran y la búsqueda planeada por ella a la verdad no finalice, no la entierren como es debido.
Jeanne se dispone a entregar la carta que le corresponde, y parte desde la iniciativa de ir al lugar donde su madre estudió. Y así en adelante, se nos muestra cómo ella va siguiendo puntos de este camino donde su madre estuvo. Siguiendo así un hilo de la ira. En el que, tras él, Nawal trata de contarle esa verdad a sus hijos deshaciendo nudos.
Jeanne, sigue con su búsqueda tratando de encontrar a su padre y entregar la carta, y después de asistir al centro donde su madre estudió, se dirige en un autobús hacía donde ella vivía de joven. Durante toda la búsqueda va recogiendo trocitos de esta verdad oculta para que al juntar todas estas piezas el puzle, la verdad tenga sentido y se revele. Ya que está, se construye poco a poco, como si cada paso ajustara una pieza más. Teniendo en cuenta esto, la verdad puede entenderse como un ajuste de partes o piezas. No aparece de golpe ni se crea en solo un momento, sino que se va construyendo a medida de fragmentos dispersos en diferentes lugares que encajan entre sí. Cada dato, recuerdo o testimonio, por ejemplo, el testamento de Nawal, por sí solo es incompleto, pero al unirse con lo demás, da lugar a una comprensión más amplia y con coherencia de la realidad que se busca. Por eso la verdad no depende solo de que alguien la nombre, sino de este proceso de búsqueda que permite que esas piezas cobren sentido al unirse todas en una.
La mentalidad de Simon cambia cuando Jeanne, en medio de su camino, descubre la violación de un tal Abou Tarek hacia su madre y traumatizada, llama a su hermano para contarle todo. Simon accede a ir con el notario para seguir con esta búsqueda. Junto a su hermana van a visitar a la enfermera que los cuidó de niños al hospital y como consecuencia, Simon se dirige hacia un lugar donde le revelan toda la verdad. Al reunirse con su hermana le propone un acertijo: “¿Uno más uno, puede ser uno?” en el que se demuestra toda la verdad y quedan destrozados.
Simon había estado criticando la carencia de su madre como ese papel que tenía que cumplir. Pero la criticaba sin saber su pasado y el duro recorrido que había sobrellevado. Ahora bien, ¿Habría sido mejor contar la verdad desde un principio? ¿Es preferible saber la verdad, aunque duela?
Nawal quizás pudo evitar el odio de sus hijos hacia ella, aunque eso les dejara un mal cuerpo. Normalmente la verdad que duele se suele esconder. Aunque esta verdad puede existir y que no sea nombrada; lo que se esconde no es la verdad, sino la sinceridad. El silencio de Nawal hasta la muerte puede entenderse como una ética basada en la protección: oculta esa verdad para no destruir emocionalmente a sus dos hijos, aunque tarde o temprano lo haría. Su ética se apoya en que no toda la verdad debe ser dicha de inmediato y que callar también puede ser una forma de cuidar. Pero esto significa que les está negando el derecho a conocer su identidad y su historia, y les mintió con la farsa de que su padre falleció en la guerra. Probablemente, si se lo hubiera contado desde un principio no dolería tanto. Porque no siempre duele la revelación, sino la mentira que llevas creyendo durante años que cambia toda tu perspectiva de ver la vida. Ya que, a ellos, les llega la verdad de la forma más cruel posible y sin preparación emocional. Desde esta perspectiva, el silencio no protege, trata de ocultar y posponer el daño. Y esto lo hace más devastador.
En cuanto a un entorno filial entre madre e hijos, la ética suele basarse en la confianza, honestidad y protección entre ellos. Nawal solo cumple la última hasta el día de su muerte, en el que en el testamento se puede ver reflejado su arrepentimiento y decide que hasta que estos dos valores nombrados anteriormente, la confianza y la honestidad, no se hayan resuelto por el camino hacia la verdad, desea que no le den un final digno.
En conclusión: El secreto de Nawal plantea un dilema ético: ¿Es moral ocultar la verdad cuando decirla puede destruir? ¿O es más injusto privar a los hijos de su derecho a saber su historia, y a raíz de ello, quiénes son?
Esto no trata de justificar ni condenar a Nawal por sus acciones, muestra que, en contextos extremos como este, la ética deja de ser pura y se vuelve trágica.
Como la obra de Edipo rey en la que se basa esta película.